Bienvenidos a Mi Blog

 

 

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Nacido en Cali, Colombia, este tipo ha viajado por todas las atmosferas musicales para poder llegar a este espacio, donde renuncia a todo lo impuesto y se aventura a explorar la música desde una perspectiva diferente.

 

 

Eddie Palmieri En Cali!!!

 

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Proximamente uno de los más grandes musicos del Latin Jazz, visitará la capital mundial de la SALSA

 

 

 

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El veterano músico contará compartirá escenario con Giovanni Hidalgo, quizas el mejor percusionista del mundo musical afrolatino.

 

Esperamos que apoyes esta iniciativa y colabores con el esfuerzo que hacen los AMIGOS DEL JAZZ y EL PAIS por traer a nuerstra ciudad a esta leyenda de la música.

 

 

Para obtener mayor información del AJAZZGO pueden escribir al mail

 

salamandra@emcali.net.co

 

Además recibirás la programación de la VI Temporada del Festival que ya comienza!


 



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Huascar Barradas – Discografía

 

Uno de los más talentosos flautistas de Venezuela nos deleita con una interesante propuesta que se atreve a fusionar la música llanera, la gaita zuliana y la tambora venezolana, con el sonido contemporáneo del jazz. Una interesante búsqueda que deja claro el horizonte experimental en el cual se proyecta este joven músico de Maracaibo que eleva al folklore venezolano a una atmósfera donde convergen la tradición y la exploración.

 

 

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Trío Acústico Venezolano I

 

 

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Trío Acústico Venezolano II

 

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Huascar Barradas y Maracaibo – Candela

 

 

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Encuentros

 

 

 

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EDITUS, de Costa Rica para el mundo,

jazz con etno-new age

 

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En Editus, cada integrante deja plasmada su personalidad creadora en sus composiciones. Transmiten en sus temas su pasión por el arte, vivencias y sentimientos que calan hondo en el espíritu libre y vivo que se esconde en cada uno de nosotros.

Editus debe su nombre a un vocablo latín que significa elevado y sublime. Nace en 1990 cuando Ricardo Ramírez y Edín Solís unen sus talentos en un ensamble. En ese entonces interpretaba un repertorio definido por música clásica y latinoamericana, con algunos matices provenientes del jazz y el new age. La incorporación de Carlos "Tapado" Vargas tres años más tarde permitió definir el perfil del grupo.

Su trabajo musical nace y crece al explorar géneros como el jazz, el new age, la música clásica y los sonidos autóctonos de América Latina. Un encuentro entre lo moderno y lo tradicional; lo tecnológico y lo académico mano a mano con la expresión que emana del alma del artista.

Editus no es solamente un embajador musical de Costa Rica. Editus es un mensaje latinoamericano al resto del mundo. Es uno de los puentes, en los transitados caminos de la americanidad, que permite el paso fluido y armonioso entre las nacionalidades y sus tendencias, sus lenguajes y sus propuestas. Las texturas del jazz, el folclore, la música Clásica, el pop, el new age o ritmos afro caribeños, han delineado la ruta por donde los tres integrantes de Editus y sus amigos colaboradores avanzaron a lo largo de estos años.

 

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Discografía

 

Escuchar a Editus es casi como asistir a una terapia con un psicoanalista, uno se relaja, disfruta de la música y se siente completamente renovado.

 

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Editus - Ilusiones

 

01 Madera/Luis Castillo

02 Ellas/ Adrián Goizueta

03 Monteverde / Edín Solís

04 Tocú/ Carlos Vargas

05 Ilusiones / Carlos Vargas

06 Selva adentro/Carlos José Castro

07 Preludio Canción y Danza/Carlos José Castro

08 ¿@#? /Editus

09 Encuentro / Edín Solís

 

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Decada-Uno

 

1. Pasaje Abierto

2. Todos los Dias un Poco

3. Viento y Madera

4. Una Vez Mas

5. Tocu

6. Paisaje

7. Dia en

8. Encuentro

9. Muchacha y Luna

10. Ilusiones

11. Mar del Sur

12. Cuando Todo Esta Bien

13. Hijo de la Luna

14. Siglo XX

15. Siglo XX

 

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Editus – Lo mas New Age

 

01 Monteverde (Ilusiones)

02 La niña y la montaña (Inéditus)

03 Regreso a casa (Dibujando Memorias)

04 Fado (Inéditus)

05 Memorias (Dibujando Memorias)

06 Un día en la vida (Decadauno)

07 Mar del Sur (Decadauno)

08 Calle del Viento (Calle del Viento)

09 Sailing (Siempre Vol. II)

10 Alfonsina y el Mar (Siempre)

11 Ilusiones (Decadauno)

12 Retrospección (Dibujando Memorias)

13 Hijo de la Luna (Decadauno)

14 Tierra Mojada (Calle del Viento)

15 Cinema Paradiso (Siempre Vol. II)

16 Sueños y Semillas (Dibujando Memorias)

17 Delfos

 

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Editus  - Ineditus

 

1. Siglo XX / Carlos Vargas

2. Siglo XXI / Carlos Vargas, Edín Solís

3. Dannie / Iván Rodríguez

4. Paseo / Alberto Campos

5. Horizontes / Alexander Orozco

6. La niña y la montaña (1er movimineto "Saludo el espacio que creamos entre voz y yo") / Carlos José Castro

7. La niña y la montaña (2do. movimineto ) / Carlos José Castro

8. Fado / Fidel Gamboa

9. Terceto / Eddie Mora

10. La mujer del invierno / Fidel Gamboa

11. Olvidó / Letra: Horacio Díaz, Música: Gerardo Mora

12. Tocú (versión video) / Edín Solís

13. Delfos (Seguir soñando) / Carlos Vargas

Memorias Musicales

 

 

Colombia, nuestro mejor A Jazz Go

 

 

 

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Santiago de Cali - Valle del Cauca 

 

 

 

Por Ivan Ricardo Díaz-Mendivil 

 

La historia no pudo tener un comienzo más traído de los cabellos, por eso al recordarla, el tiempo parece remontarse hasta aquella noche en la que Diego Pombo, pintor por confusión, Osiel Villada, periodista por obligación, y Oscar Payán, melómano y comerciante por resignación, se les ocurrió la atrevida idea de hacer un festival de jazz en Cali.

Pero ¿Jazz?  y ¿En Cali?

Si, un festival que rindiera tributo al legado musical de los grandes protagonistas del ritmo, un espectáculo que trajese en persona a los mejores exponentes del sonido de Alabama y New Orleans y todas las mutaciones que tuvo el mismo.

 

Se buscaba un show que pudiera mostrar aquellos artistas conocidos por los melómanos de Cali, pero solamente por las carátulas que mostraba Gary Domínguez en la Taberna Latina de la Quinta.

Claro, estoy hablando de historia patria, cuando en Cali todavía había donde sentarse a escuchar “buena” música.

 

El Primer Festival llegó con mucha fuerza, la participación del pianista Chucho Valdez, fundador de la agrupación cubana Irakere, fue el plato que sació los oídos hambrientos de buena música en el publico caleño, Chucho se robó el show no solo en las interpretaciones, si no también en la respuesta que le dio a un periodista de un medio, que le preguntó fuera de micrófono – ¿señor y usted quien es? A lo que el pianista en su tono pausado y humilde respondió - Un aprendiz eso soy y seré siempre.


El Segundo Festival tuvo como invitado a un newyoriqueño que aprendió a tocar trompeta, cuando siendo muy niño se sintió embrujado por el toque de Dizzi Gillespie, uno de los mejores trompetistas del jazz.  Su nombre era Jerry González y venía con Andy, su hermano, quien tocaba el bajo; ambos eran del Bronx y por esta razón su banda era conocida en la esfera del jazz como la Fort Apache Band,  nombre de uno de los sectores más peligrosos de Nueva York.

 

A la excelente gestión de Diego Pombo y la aparición de los músicos que ya venían escuchando hablar del festival a nivel internacional, se sumó la participación del trompetista cubano, Alfredo “Chocolate” Armenteros, un hombre moreno que fumaba tabacos con olor a chocolate y a pesar de su avanzada edad,  logró su objetivo, deleitar al público como en sus mejores noches.

 

 

Aunque en estos festivales los invitados internacionales de jazz y latín jazz, hacían del evento un espectáculo único, los participantes locales lograban con los ensambles de ultimo momento, mostrar propuestas de bandas locales que no pasaban de ser intentos sin identidad, que buscaban responder al llamado de un festival que invitaba a interpretar un ritmo cercano a los músicos de alto nivel, no solo Cali, sino el mundo entero.

Es así como, Larry Joseph y Jaime Henao, entre otros grandes músicos locales, fueron participando como representantes de la ciudad, pero su huella o su mensaje musical no pasó de ser una repetición de los mismos sonidos afro caribeños interpretados por orquestas ya conocidas. Lo cual mostraba que en Cali, no había gestado un sonido jazzistico original.

 

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Ya habían pasado casi cinco años y para el ultimo festival de jazz de Cali, o mejor, llamándolo por su nombre   A Jazz Go 2005, la expectativa había crecido, esta vez el evento coincidía con las inundaciones en el sur de Estados Unidos y New Orleáns, cuna del jazz y el blues. Por esta razón, participantes y organizadores del evento, prometieron dedicarle este festival a toda la comunidad negra norteamericana, que tanto aportó a los inicios de este sonido en el mundo.

 

De esta forma llegaron músicos como Aldo López-Gavilán de La Habana, Cuba, Puerto Candelaria de Medellín, Samuel Torres de Nueva York, Mojarra Jazz, de Bogotá y Pacho Dávila, también de Bogotá.

Estos dos últimos, producto de una corriente jazzistica que despertaba curiodisdad en el público por la vinculación del elemento folklórico Pacifico al jazz, propuesta que había dejado huérfana Hugo Candelario González, cuando su Grupo Bahía, intentó años atrás darle al currulao, el aguabajo y el andarele un sonido más universal, y que ahora estos vallecaucanos, junto a músicos bogotanos y chocoanos, habían sacado adelante.

 

Así comenzó el festival, el concierto ofrecido en el Teatro La Tertulia con una agrupación antioqueña llamada Puerto Candelaria, de inmediato sorprendió a los músicos invitados. Los mismos que con todo y su reconocimiento internacional, estaban tan impresionados con la propuesta nacional que al terminar de escuchar la primera pieza de Puerto Candelaria, se levantaron a preguntar con alegría. Como lo hizo el pianista habanero Lopez-Gavilan ¿Asere, que carajo es eso?

 

La respuesta era clara, era un porro al mejor estilo de San Pelayo, Córdoba, llamado La Banda, un tema jocoso que aunque folklórico llevaba consigo la magia y la complejidad del jazz. Un intento de los antioqueños, quienes al terminar la canción presentaron con sus propias palabras:

 “Gracias Cali, Puerto Candelaria se ha encargado de viajar y escuchar lo que de verdad es nuestro país, producto de ese recorrido traemos estas raspas, estos porros, cumbiones y bullerengues hechos con mucha entrega y amor, esperamos les guste, esta es una propuesta de jazz, pero escuchen bien: ¡jazz colombiano! ” Sentenció Juancho Tobón director y cerebro creador de esta banda, agrupación que además contaba con la participación especial en sus filas de Antonio Arnedo, uno de los mejores músicos de jazz del país y del mundo, y además, creador de todo este movimiento colombiano junto a otro grande, Francisco Zumaqué.

 

De ahí en adelante como en un dominó, las piezas musicales comenzaron a retumbar en el pequeño escenario, la versatilidad de los músicos, conjugada con la sencillez y calidez de su trato, llevaron al público a lanzar el primer comentario del festival. Los paisitas se robaron el show. Y claro, se lo habían robado, porque a diferencia de otros coterráneos suyos, estos paisas admiraron con respeto los valores culturales de nuestra ciudad, elogiaron su gente y sobre todo, nunca se dedicaron a hacer comparaciones odiosas y arrogantes.

 

El siguiente día, en la sala Bethoven de Bellas Artes, tuvo lugar el  concierto del cubano Aldo Lopez-Gavilan, amante de la música clásica y el jazz abstracto y complejo. Su procedencia, su formación artística y sus excéntricas preferencias musicales hicieron que la expectativa sobre él, creciera mucho más.

Al caer la noche Aldo, comenzó a interpretar su piano, con una pieza compuesta por él, un bossa nova que llamó Espiral y que terminó por sorprender a los asistentes por la delicadeza de su interpretación, una dulce antesala para lo que sucedió después cuando interpretó Olodumare, una eufórica y compleja pieza dedicada al dios supremo de la religión Yoruba.

Aldo cautivo con su toque e impactó con su cabello rizado y sobre todo con esa seguridad propia de aquel cubano de la isla que sale a mostrarse al mundo, convencido de una cosa,  que está por encima del nivel de los demás.

 

El día siguiente llegó y el que se pensó sería el gran concierto, atrajo como se esperaba un buen número de asistentes. La banda de Samuel Torres, un percusionista bogotano radicado en New York, ofrecía un espectáculo con un ejercito de músicos, que destacaba en sus filas a Yosvani Terry, saxofonista de Camaguey, Cuba, que venia acompañado del también camagueyano, Ernesto Simpson, baterista de Arturo Sandoval, gran capo del jazz latino. En fin una banda estelar.

 

El concierto también había despetado inquietudes por las exigencias de muchos de sus músicos, quienes pretendían grandes hoteles y lujos que obviamente la organización del festival no había presupuestado, por eso a la hora de comenzar el show, fue más el derroche de egos que invadió el escenario, que el aporte musical al festival.

La súper banda se limitó a tocar como una agrupación de latin jazz del montón, repitiendo sonidos y cadencias poco innovadoras. Acompañadas por los comentarios anecdóticos del bogotano Samuel Torres, que aunque muy buen músico, terminó convirtiendo al show musical, en un monologo egocéntrico de experiencias propias en el país del norte.

Algo extraño, porque irónicamente en su banda, el único sencillo y calido, era él y el bajista peruano Oscar Stagnaro, ex integrante de la banda de Paquito D Rivera.

 

El día siguiente prosiguió el show con la participación de otra banda antioqueña: Polaroid, un intento muy colombiano, por lograr un sonido jazzistico a partir de tendencias electrónicas y al mismo tiempo étnicas. Propuesta que caló rápidamente en la juventud que recibió con beneplácito aquel sonido que se les asemejaba mas a un dance o trance, que a una pieza de jazz.

Otros que se robaron el show fueron los músicos de la Mojarra Eléctrica y ahora, Mojarra Jazz Band, quienes adecuaron su formato para poder ofrecer un show de jazz. Una propuesta interesante, en la cual el folklor Pacifico adquiría una dimensión eléctrica y al mismo tiempo jazzistica recordando la época de Irakere, aquella atmósfera eufórica y al mismo tiempo tradicional y experimental.

 

Otro de los grandes era el saxofonista Pacho Davila,  vallecaucano radicado en Bogotá, que trato de mostrar lo propuesto en su nuevo trabajo discográfico Canto Mestizo, un sonido folklórico, pero quizás más libre y alternativo, lo cual hizo que el publico se emocionara, pero estuviera un poco distante frente a la búsqueda musical del joven, quien además invitó al conocido marimbero Hugo Candelario González, para darle un sonido más cercano al folklor del Pacifico.

 

Al terminar el A Jazz Go, su director Diego Pombo, se mostró complacido, se había logrado reunir públicos diversos en torno al lenguaje universal de la música, se habían producido encuentros únicos e irrepetibles entre músicos que quizás jamás se volverán a juntar, pero lo mas importante de todo, fue descubrir que Cali tiene jazz , Bogotá tiene jazz, Medellín tiene jazz  y por consiguiente Colombia tiene su jazz. No mintió Juancho Tobon cuando lo grito en la primera presentación de su grupo , ¡esto es jazz colombiano!.

Y fue cierto, es lo mejor que le ha podido suceder a Cali, tener la oportunidad de mostrarle al mundo con su festival de jazz, que Colombia es y ha sido, nuestro mejor Ajazzgo.

 

Aldemaro Romero y su Onda Nueva

 

 De repente… Aldemaro

 El día que el joropo recorrió la carretera del bossa nova

 

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Aldemaro Romero fue el creador de una nueva forma de hacer música popular en Venezuela conocida

como Onda Nueva, un ritmo subsidiario del joropo que además fue influenciado por la bossa nova brasilero.

 

Por : Iván Ricardo Díaz-Mendivil

Cuando Venezuela bailaba con los ritmos que el maestro Billo Frometa inmortalizó en las tantas voces que tuvo en su magnifica banda, un joven de talento precoz y de escasos veinte años partía de Caracas a Cuba y después a Nueva York para regresar con su maleta cargada de ideas y sueños. La locura musical que transformo la forma de percibir la música venezolana.

Para aquel entonces la generación de jóvenes que se asomaban tímidamente a los ritmos extranjeros le hacían culto a la música clásica, los tangos y el fox cuando de música foránea se trataba, haciendo énfasis en el nacionalismo, con preferencia hacia el folclore de arpa, cuatro y maracas, ese universo campesino urbanizado por Juan Vicente Torrealba, Mario Suárez, Héctor Cabrera, Magdalena Sánchez y otras viejas glorias de la música venezolana. Corrían tiempos de paz en las emisoras caraqueñas que para aquel entonces no se apartaban del monótono y carnestolendico esquema que giraba en torno a Pacho Galán, Chucho Sanoja, Alfredo Sadel, las gaitas y joropos de Simon Diaz y algunas piezas de otro grande, el colombiano Lucho Bermúdez.

Corría entonces la decada del 50,  cuando Alfredo Sadel, contratado por la RCA VICTOR, decide llamar al joven nacido en el Cerro El Zamuro de Valencia, para que lo acompañe en una bella aventura musical en la ciudad de Nueva York; lo que Aldemaro no sabía es que a su llegada el sonido de Stan Getz, Jobim, Vinicius,  Laurindo Almeida, Astrud y Joao Gilberto, celebres interpretes del Bossa Nova, se había apoderado de la gran manzana, bello impacto musical que su mente de inmediato metaboliza y deja ver levemente en una de sus mas bellas obras, que además, da inicio al sonido moderno venezolano. Un album titulado Dinner In Caracas,  producción con la cual la RCA VICTOR pretendía acercarse al sonido Latinoamericano con piezas populares interpretadas por una big band de salón.

Ahí estuvo Aldemaro, en esa explosión musical que le dio la entrada a una cantidad de canciones ya conocidas por jóvenes y mayores, pero esta vez con un toque jazzistico en su contenido, propuesta que antes de sorprender a los que soñaban con los grandes shows musicales vistos en las películas de Holywood, les hizo sentir un poco más internacional la música popular de su país.

 

 

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Onda Nueva

Habría sido en vano el viaje de Aldemaro a Nueva York si no se hubiera encontrado frente a frente con los sonidos de Brazil, esos mismos que se apoderaron de la poliritmia Neoyorquina, volviendo a la rubia de New York, New York  en una Garota de Ipanema.  El momento historico en que Count Basie, Cannonbal Adderley, Coleman Hawkins, Tito Puente y hasta Quincy Jones deciden tocar Bossa Nova, un particular ritmo que recogia un poco de impresionismo francés para fusionarlo con el jazz y la samba.

Idea que jamás olvido Aldemaro, por eso casi 15 años después, al lado de uno de los grandes de la percusión venezolana Frank “El Pavo” Hernandez decide echar a rodar su propuesta musical mas ambiciosa. Imaginar que el Joropo era la Samba y fusionarlo con otras tendencias vocales e instrumentales construyendo un esquema muy venezolano del concepto construido por los brasileños. El producto la Onda Nueva un experimental sonido que proyectaba el folclor venezolano a una dimensión jamás pensada, en el cual la batería, el piano y los juegos de voces hacían juego con las improvisaciones instrumentales y los aires llaneros.

Corrían para aquel entonces aires de libertad en Latinoamérica y Venezuela tenia en sus manos uno de los proyectos musicales mas bellos de su historia, un sonido que aunque moderno y ambicioso también era complejo e idealista, lo cual lo hacia suicidarse en su belleza como una dulce utopía musical que no duraría mas de diez años.

Aldemaro continuo haciendo lo que sabe, música buena, algunas veces con su Onda Nueva otras más con el Trabuco Venezolano y un numero inmenso de musicos de su pais. Siempre dando vueltas en la música celebre sin imaginar jamás, que el sonido contemporáneo de los Guacos de Zulia, Maria Rivas, Huascar Barradas y hasta el mismo Alí Primera, retomaban el legado del gran maestro, para hacer del folclor una pieza de salón, un sonido que hasta hoy 2006, cuando Maria Rivas recorre el mundo con piezas como Poco a Poco y Sombra en los Medanos y el grupo Guaco se asoma frente al mundo con su gaita en funk que deleita a lejanos países como Japón y Alemania y canciones como De Repente, del maestro Aldemaro se apoderan del flamenco o la salsa en las voces de Ketama o Celia Cruz.

Es el preciso momento de recordar al verdadero gestor de esa Venezuelan Gozadera, que ahora contagia al mundo con los Amigos Invisibles y otros revolucionarios y atrevidos sonidos que tampoco deben olvidar el día en que el bossa nova y el joropo caminaron de la mano por las infinitas calles de la música, tratando de encontrar la carretera que conducía a la Onda Nueva del gran Aldemaro Romero.

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Picasso en los Ojos....

Cigala, pintaor flamenco

 

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Por : Iván Ricardo Diaz-Mendivil

 

Picasso en mis ojos, la nueva producción del cantaor gitano Diego El Cigala; no solo es un recorrido por las imágenes musicales del sur de España, es una interpretación muy gitana de lo que fue el pintor malagueño Pablo Picasso.

 

Si el dolor, la pasión, la tragedia y la alegría se pudieran reflejar en un solo canto, seguramente el flamenco sería el encargado de tan emotiva manifestación, porque precisamente, los tangos, las bulerías y las rumbas llevan consigo ese mensaje. Sentimiento que precisamente El Cigala recoge en su voz desgarrada.

 

El recorrido musical del duende gitano empieza con Chanelando, unos tangos tocados con las guitarras de Diego Morao y Manuel Parrilla con un coro que textualmente comienza enamorando, por  esa manera de bailar los tangos.

Sonido que atrapa y de inmediato lanza al tablao al desprevenido melómano que le escuche, porque el sonido del pianista gitano Jumitus (Jaime Calabuch Asensio), hace que la canción se vuelva un pegajoso son montuno cuando el coro ya parecía invitar al final del corte.

 

El pincel parece recorrer la piel cuando suena La Paloma, un fandango en el que El Cigala (apodo que Camarón de la Isla le colocó a Diego) toma sus canciones para llevarlas por los paisajes del legendario imperio Al Andalus, hoy Andalucía.  Es quizás por eso que su barba espesa, su larga cabellera y su silueta casi mozárabe parecen de repente bailar al viento cuando suena Apenao, una rumba en la que Pedro Martínez, revelación del guaguancó, vuelve cubana una rumba flamenca. Un intento que termina por sumergirse en el caribe cuando la trompeta de Jerry González y el bajo de su hermano Andy, aparecen en la escena, alborotando lo que desde su comienzo venia alocao.

 

Diego tiene claro que su nuevo horizonte es América y por eso la expectativa que había dejado la producción Lagrimas Negras con Bebo Valdez, no queda suspendida en el aire, por el contrario, Diego se propone romper las fronteras para ofrecer al mundo una producción exquisita en su mezcla y con un sonido que parece logrado en la sala de su casa, claro está, en una revuelta flamenca hecha por amigos sus amigos de cante y rumba.

 

Y así llega Diego, con Paco de Lucía en la experiencia, con Tomatito en la nostalgia, con Raimundo Amador en la fuerza y Josemi Carmona en el sabor,  amigos que se levantan para gritarle al mundo todo aquello que la historia no le ha podido quitar a los españoles del sur, su alegría, su magia y esa forma de cantarle al mundo sonriendo, como si ser gitano fuera algo tan sencillo como llegar a Málaga y descubrir que hasta en America, llevamos a Picasso en los ojos.

 

¡Ole Diego!

¡Arsa Pablo!

 

 

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Crónicas del Petronio Alvarez..... 2005

El Currulao. ¡La voz del Pacifico!

 

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Las cantaoras del Pacifico, un espectaculo unico.

Aqui un grupo de Condoto, Chocó.

 

 

 

Descubriendo la otra Colombia... la de verdad.

 

Por Iván Ricardo Díaz-Mendivil 

 

Dicen que el Pacifico no tiene memoria, que sus oscuras y profundas aguas son tan antiguas que ya perdieron la noción de tiempo, quizás por eso se expande tranquilamente, ocupando lo que bien podría ser un continente.

África ¿Por qué no? Si el Pacifico no tiene memoria y eso quizás lo hace más misterioso y al mismo tiempo mágico.

 

Que planteamiento más pagano este, pues perder la memoria no sería tan grave como perder la magia y el sabor, o al menos eso es lo que aparentan los afrodecendientes ubicados en la costa pacifica colombiana,  esos mismos que al llegar su festival, el Petronio Álvarez, parecen encausarse de nuevo por los caminos de la música africana, viendo como su piel parece estremecerse al compás de un tambor. Quizás ese mismo que traían a cuestas cuando por fin aceptaron que estaban muy lejos de su suelo.

 

Para ellos la afinación no importa, la marca tampoco, no importa si es de chivo o si es de vaca, pero el cuero debe retumbar hasta sacarle el diablo a quien lo toque, así dicen los abuelos en Timbiqui y Guapi, Cauca, donde desde muy pequeños los niños con habilidades musicales, aprenden desde la siembra de la palma de chonta de donde sacan la marimba, hasta el secado de la piel de vaca o chivo de donde sacan el cuero del tambor.

 

Toque reconocido y hasta desafiante el que adquieren los tambores en el festival. Los músicos participantes cargados de ilusiones van golpeando uno tras otro un pedazo de cuero estirado que mágicamente les recuerda de donde vienen, otros mueven sus manos en el aire como un aguacero rítmico que golpea unas pequeñas tablillas de chonta que conforman lo que conocemos como marimba o piano de la selva, otro instrumento totalmente africano, pero construido con la sabiduría del indígena, que interpreto la idea de aquel que como él, también huía buscando un nuevo camino.

 

Ahí nace el currulao, en ese mismo lugar donde se pierde la nostalgia del negro africano con el destierro del nativo indígena, en ese lugar imaginario que ambos se inventan para darle un toque rítmico a sus penas, ese espacio donde cantan sus lamentos y los vuelven una voz que se escucha desde Bahía Solano en Colombia, pasando por Esmeraldas en Ecuador, para llegar casi hasta Chorrillos en Perú, donde aun no se calla el lamento y por el contrario su voz se levanta altiva para luego esconderse en un cielo donde dicen, jamás llueve.

 

Para los maestros del currulao en Colombia como Gualajo Torres o Hugo Candelario González el currulao ya es un lenguaje. Para los negros que lo bailan en el Cauca, Nariño y Chocó es una excusa con aire bullanguero, para Omar Sosa, músico cubano e investigador del sonido afro en el mundo, es un canto africano perdido en las selvas americanas, para Susana Baca, investigadora del folclor afro en Ecuador y Perú, el currulao es una mirada nostálgica a un mar oscuro y sin pasado.

 

Para nosotros el currulao es y será por siempre, la voz del pacifico Colombiano.

 

¡Esa es nuestra cultura!

Una Producción de Ricardo Mendivil Enterprise

La música es el sonido que produce un nadador, al atravesar el oceano de la conciencia.

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